Creo que lo más impresionante de la Tate Modern es la sencillez y la claridad con la que se llevó a cabo la adaptación de la central eléctrica en museo. Se asume plenamente lo industrial como lenguaje y se escogen materiales como la madera sin tratar o los suelos de hormigón. Los falson techos no existen y el entramado de instalaciones se deja a la vista. La luz natural que entra a través de los ventanales de las fachadas es el modo con el que se iluminan las salas, y esto proporciona impresionantes vistas sobre el Támesis que se intercalan como un cuadro más en la serie expositiva.

Tate Modern